La Ciudad de México se destaca por tener museos de todo tipo, pero ¿alguna vez escuchaste hablar del Museo del Enervante?
El Museo del Enervante se fundó en 1986, como una sala educativa destinada a militares y estudiantes de Criminología, Derecho y Psicología, enfocada en el estudio del cultivo, producción y tráfico de drogas. Con el tiempo, los objetos incautados se acumularon y la colección creció hasta convertirse en un extenso archivo de la historia del narcotráfico en México.
Un lugar casi secreto, custodiado por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), donde se exhiben armas bañadas en oro, celulares con incrustaciones de diamantes y otras excentricidades confiscadas a los capos de la droga a lo largo de los años.
Si bien su propósito original era servir como un espacio educativo para militares y personal de seguridad, con el tiempo, se convirtió en una amplia colección de curiosidades que ofrecen un vistazo a la lujosa vida de los jefes del narcotráfico en México.
La mala noticia es que no todos pueden acceder a este espacio. Ubicado en Lomas de Sotelo, en la alcaldía Miguel Hidalgo, el Museo del Enervante no está abierto al público y muy pocos pueden visitarlo. Hasta la fecha, este sitio tiene la política de no admitir la entrada al público en general por razones de seguridad.
Aún así, este recinto recibe a periodistas, estudiantes, cadetes, funcionarios e incluso delegaciones militares extranjeras.
Solo quienes presentan una solicitud formal, explicando los motivos de su visita, tienen la posibilidad de ingresar; no obstante, la Sedena es la encargada de autorizar o negar el permiso.
El museo también cuenta con otras extravagancias del narco, entre ellas: Teléfonos con incrustaciones de diamantes, sillas de montar decoradas con plata, botas de pieles de animales exóticos, chaquetas antibalas y decenas de armas adornadas con oro, plata y piedras preciosas.
También se pueden observar cuadros de la Virgen de Guadalupe que ocultaban cargamentos de droga, altares de Jesús Malverde, considerado como el santo de los narcotraficantes, y mesas talladas con motivos de la Santa Muerte.
¿Cómo surgió el Museo del Enervante y por qué su acceso es restringido?
La intervención terminó en complicaciones que le costaron la vida, lo que dejó un vacío en el cártel y desencadenó luchas internas por el control de sus rutas de tráfico.
Aunque la Secretaría de Marina confirmó su identidad, su cuerpo fue robado de la morgue poco después, cuando un comando armado lo sustrajo de la funeraria, lo que generó dudas sobre su identificación.
El museo también cuenta con otras extravagancias del narco, entre ellas: Teléfonos con incrustaciones de diamantes, sillas de montar decoradas con plata, botas de pieles de animales exóticos, chaquetas antibalas y decenas de armas adornadas con oro, plata y piedras preciosas.
También se pueden observar cuadros de la Virgen de Guadalupe que ocultaban cargamentos de droga, altares de Jesús Malverde, considerado como el santo de los narcotraficantes, y mesas talladas con motivos de la Santa Muerte.
El regalo del 'Señor de los Cielos' al Chapo y otras rarezas: ¿Qué hay en el 'museo del narco'?
En el Museo del Enervante reposa la pistola Colt automática calibre 38 de Joaquín 'El Chapo' Guzmán, adornada con empuñaduras de oro de 24 quilates y brillantes incrustados, un regalo que le hizo su socio Amado Carrillo Fuentes, 'El Señor de los Cielos'.
El arma tiene las iniciales A. F. grabadas en relieve, de Amado Fuentes, quien en la década de los 90 fue jefe del Cártel de Juárez y mentor de 'El Chapo', conocido por sus alianzas con los carteles colombianos para traficar cocaína a Estados Unidos.
De acuerdo con reportes de la entonces Procuraduría General de la República (PGR), Carrillo Fuentes falleció en julio de 1997 tras someterse a una cirugía estética en la que buscaba cambiar su apariencia.
Entre ellos, se documentan casos como el de un submarino casero detectado por militares, o el lanzamiento de cargamentos al mar sujetos a ataduras que permitían que se hundieran temporalmente para evitar decomisos.
Para 2002, ya contaba con diez salas y cientos de artículos decomisados, según relata un artículo de El País.
Es gracias a estos accesos controlados que se conoce el interior de este sitio tan particular, con más de 20 años de historia.
Quienes quieran acceder deben llenar una solicitud explicando las razones de su visita y será la Sedena quien autorice o no el permiso.